Gustavo Bueno: ateísmo, ilustración, sentido común

Gustavo Bueno. Sergio Barrenechea (Efe)

A uno siempre le asaltan ciertas intermitencias de la memoria cuando se entera de la muerte de alguien que ha conocido, mucho, poco o casi nada: en este último estado se puede calificar la relación que tuve con el filósofo Gustavo Bueno, que acaba de fallecer en la localidad asturiana de Niembro a los 91 años de edad, justo dos días después de que falleciera su esposa, Carmen Sánchez Revilla, que tenía 95. La noticia me ha pillado desprevenido en esta Tierra Desolada que es el agosto madrileño y me ha parecido, si es que puede hablarse en estos términos, una muerte ajustada, digna y coherente. ¿Qué puede esperarse de un hombre que hizo de la honestidad, amén de la lealtad, bandera por encima de cualquier credo e ideología?

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