Un hombre que viaja por el mundo no para ver cosas sino para oírlas

Fotografía de "Jacob Kirkegaard" grabando sonidos en Chernobyl

Kirkegaard usa acelerómetros para grabar bajo la superficie de la Tierra, hidrófonos para capturar el sonido bajo el agua e incluso diminutos micrófonos para grabar emisiones otoacústicas generadas por el oído humano. Y definitivamente ama el sonido mucho más que yo. “Nunca me he drogado porque pienso que los sonidos pueden provocar el mismo efecto. Siempre usé el sonido para transportarme a otros lugares”, declara Kirkegaard. Su viaje comenzó a los 6 años de edad cuando su padre le regaló una grabadora y descubrió que podía manipular su voz al desacelerar su velocidad: “y eso de pronto me hacía sonar como un monstruo, como un gran vampiro”.

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