El mercenario de la lujuria

El mercenario de la lujuria

Entre las velas de aquella madrugada

se acariciaba el ritmo de la despedida.

El alba inminente era el claro enemigo

de las candelas de nuestras miradas.

 

Yo opté por amores de cambio,

de usar y descartar.

De reciente pintura.

 

Me encandilaba el olor a nuevo

de una entera consquista,

con ojos de empeñarse

porque vuela el tiempo de nuestra visita.

 

Para mí los bares son mercados

de compra, ofertas ,regalos...

De descolgar vestidos y probarse

lujuriosos y sensuales atuendos.

Y pedir si no se ajusta el entalle

un número más o menos.

 

Con otras vistas,

otras locas bocas rojas...

...otros ojos, 

de otro mar esa saliva.

 

Yo que no conozco el apego

ni la firma de la eternidad.

A mí que no me visita la entrega

a nadie de lo que es mío.

 

Soy un notario borracho sin pluma.

la gota que emborrona la tinta.

El contrato de una rauda pasión

con la fecha del adiós en cada esquina.

Como un vagabundo que cambia de banco

y de la madera no se encariña.

Solo, tal que Edgar Allan Poe

bebiéndose su desdicha.

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