M.J.

M.J.

Y no quise que fuera así que tu callaras.

Y no fue cómo pensé que te rindieras.

Esta forma de volar tuya de ayer

no ha dejado señal para un humano.

Que tus alas han barrido todo rastro,

a su paso el huracán en el desierto.

 

¿Quién calienta ahora

este frío invierno?

 

Sequé el alma imaginándote.

Huérfanos de ti,

se nos caen los pensamientos

de volver donde nacimos.

 

De encontrarnos paseando

encima de la alejada luna,

ansiando un comienzo nuevo,

con el sentido mudo de mirarnos.

Sin ropajes, sin cabellos,

tan desnudos, sólo el viento

propietario de los cuerpos.

 

Esplendor en la balada

de la etérea poesía,

que arrastre ante ti

mi admiración auténtica.

 

Sea tu lucha y tu sonrisa

nuestra luciérnaga encendida,

que nos guíe y no se acabe

y nos calme las heridas.

 

Ahora que te has convertido

en paz,

en estrella,

en melancolía.

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